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Monday, February 2, 2015

Libro III - Capítulo XII: CINCUENTA SOMBRAS DE GREY - CHRISTIAN Y ANASTASIA

CAPITULO XII
MI PRIMERA DAMA



_ ¡Monte Carlo es increíble! Dice. Levanto la vista del libro que estoy leyendo y le sonrío. Ella está tratando de llamar mi atención.

_ ¿Qué estás leyendo?

_ Mirando el reloj: Predicciones Económicas. Es un libro para predecir el colapso del sistema bancario occidental.

_ Suena medio aburrido, dice mientras sus ojos se pasean con avidez sobre mi torso sin camisa y mis pantalones de playa, cuando estoy acostado en la tumbona junto a la suya. El Firts Lady está anclado en el puerto, y estamos disfrutando bajo el sol en la playa de Monte Carlo en Mónaco. 

_ Bueno, yo voy a broncearme un poco señor Grey, parece que mi piel lo necesita, dice cuando se pone sus auriculares y aprieta el botón de su iPod. Me devuelvo a mi libro durante otra hora y Anastasia se queda dormida en la tumbona escuchando lo que ella llama  Remix Christian Grey.  Es la mezcla de canciones que creé para ella después de que rompió conmigo. Me duele mucho ese recuerdo. De repente siento un anhelo por mi esposa. Pongo mi libro a un lado y le susurro al oído.

_ Usted se va a quemar y ella despierta de su siesta.

_ Sólo para ti, señor Grey, murmura sonriendo dulcemente. El sol es más alto ahora y ya no estamos en la sombra. Muevo la tumbona con rapidez y la coloco debajo de la protección de la sombrilla.

_ Fuera del sol del Mediterráneo, señora Grey, le digo.

_ Gracias por su altruismo, Sr. Grey, responde.

_ Es un placer, señora Grey, y no estoy siendo altruista en absoluto. Si usted se quema, no voy a ser capaz de tocarte, le digo levantando las cejas. No ser capaz de tocar a mi esposa en nuestra luna de miel sería una tortura para mí. 

_ Pero sospecho que sabe eso y  que se está riendo de mí, le digo.

_ ¿Lo haría? Pregunta con inocencia.

_ Sí que lo haría y lo haces. A menudo. Es una de las muchas cosas que me gustan de usted, señora Grey, le digo y me inclino para besarla y mordisquear su labio inferior.
_ Estaba esperando que me frotara con más protector solar, dice ella contra mis labios.

_ Sra. Grey, eso es un trabajo sucio... pero es una oferta que no puedo rechazar. Levántese, le ordeno. Se sienta, y poco a poco le aplico el protector solar en su espalda y su pecho.  No puedo quitar mis ojos o mis manos de mi esposa.

_ Realmente eres muy hermosa, Anastasia. Soy un hombre con suerte, le digo mientras paso mis dedos por debajo de su bañador entre sus pechos, sintiendo la frescura de sus pezones.

_ Sí, lo eres, señor Grey, susurra tímidamente, mirándome a través de sus largas pestañas.

_ La modestia la convierte, señora Grey, date la vuelta. Quiero hacer lo mismo con tu espalda, le ordeno. Ella se da la vuelta sonriendo, y yo deshago la cinta de su bikini para frotar la loción por su espalda y su hermoso trasero.

_ ¿Cómo te sentirías si yo me quedara en topless, como las otras mujeres de la playa? Pregunta ella, y por un momento mis dedos dejan de frotar su espalda.

_ Enfadado, le contesto, aunque  disgustado sería muy pequeño para lo que sentiría. No quiero que a nadie le quede la idea de mi esposa desnuda. No estoy contento de que esté tan poco vestida en este momento. No presione su suerte, le digo.

_ ¿Eso es un reto, señor Grey?

_ No. Es una declaración de hecho, señora Grey, respondo. Ella suspira y sacude la cabeza. Sí, ya sé que soy un posesivo fanático del control, no solo un marido loco por los celos, sino que también estoy locamente enamorado de mi esposa. ¿Quién me puede culpar? Me volvería loco si otros hombres se comen con los ojos su desnudez. Apenas puedo manejarlo en mi pensamiento. Termino de frotar su espalda y le doy una bofetada en sus firmes nalgas.

_ Lo harás muchacha,  le digo y  mi Blackberry zumba haciéndome fruncir el ceño. Ella aparta sus ojos de mí  y su mirada me hace sonreír.

_ Solo para mis ojos señora Grey, le digo golpeando una vez más su trasero y me siento en la tumbona para contestar la llamada. Anastasia se va de nuevo a su siesta.

Una vez que termino mi llamada, hablo con la camarera para pedir otras bebidas. ¿Mam’selle? Un Perrier Pour Moi, un  Coca-Cola ligth pour ma femme, s'il vous plait. Et quelque chose a manges... laissez-moi voir la carte.

Anastasia despierta al oírme hablar con la camarera. Miro a mi bella esposa mientras ella revolotea los ojos  mirando a la camarera de pie con su bandeja.

_ ¿Sedienta? Pregunto.

_ Sí, responde ella adormilada.

_ Podría verte todo el día ¿cansada?  El cálido sol hace dar más sueño. Ella se sonroja. 

_ No pude dormir mucho anoche, responde ella.

_ Yo tampoco, sonrío mirándola. Los esfuerzos de la noche anterior fueron extremadamente agradables. Dejo mi celular a un lado y me quito los short playeros, mis chancletas y la invito a nadar.

_ Ven a nadar conmigo, bebé, y extiendo mi mano hacia ella. Ella me mira medio dormida, todavía cansada. ¿Nadas? Le pregunto ladeando la cabeza, pensando en lo que puedo hacer para despertarla.

_ Creo que necesitas una llamada de atención, le digo, y me abalanzo sobre ella para cargarla en mis brazos.  

_ ¡Christian! ¡Bájame! Dice ella chillando, haciéndome reír.

_ Sólo en el mar nena, le contesto mientras camino hacia las aguas turquesas del Mediterráneo.  Ella envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y al darse cuenta de lo que voy a hacer ella dice: No lo harás, conteniendo la risa.


Sonrío a ella en respuesta. 

_ Oh, Ana, cariño, ¿no has aprendido nada en el poco tiempo que nos conocemos? le contesto con un beso. Ella se mueve alternativamente con fuerza; y enreda  sus dedos  en mi cabello para devolverme el beso con el mismo fervor como si no tuviera suficiente de mí. Ella está tratando de excitarme, así que no voy a dejarla caer en el agua. Una vez que me las arreglo para retirarme de sus labios, completamente sin aliento y encendido, la miro con ojos lascivos.


_ Conozco tus juegos,  le susurro y poco a poco me hundo en el agua con ella en mis brazos, mientras cierno mis labios sobre los de ella una vez más. Ella se envuelve alrededor de mí cuello.

_ Pensé que querías nadar, murmura contra mis labios. Quería, pero puedo improvisar.

_ Eres una gran distracción, le contesto mientras mis dientes están pastando por sus labios. Me gustaría tomarla aquí en el mar, pero ahora tenemos mucho público. Pero no estoy seguro de querer que la buena gente de Monte Carlos vea a mi esposa en la agonía de la pasión.

Esta vez, ella pasa sus dientes a lo largo de mi mandíbula, tratando de seducirme. Ella ya me ha activado y apenas puedo controlar no follármela en las cálidas aguas del Mediterráneo. Pero me contengo tendiendo en cuenta la audiencia cada vez mayor en la playa.

_ Ana, apenas puedo gemir. Envuelvo su cola de caballo alrededor de mi muñeca tirando suavemente, inclinando la cabeza hacia atrás. Cuando expongo su garganta, la beso desde su oreja hasta su cuello. 

_ ¿Quieres que te tome en el mar? Pregunto sin aliento.

_ Sí, susurra, exigente. Me aparto para mirarla, con nada más que el deseo en mis ojos.

_ Sra. Grey es insaciable y abrasadora. ¿Qué clase de monstruo he creado?

_ Un monstruo que encaja contigo. ¿Me tomarías de otra manera?

_ Te tomaría de cualquier manera posible, sabes eso. Pero no en este momento. No con audiencia, le respondo haciéndole un movimiento con mi cabeza hacia la playa. Hay varias personas interesadas en nuestra interacción en el mar, algunos hasta con binoculares. De pronto agarro a Ana por la cintura y la levanto hasta dejarla caer en el mar y me hundo en las cálidas aguas color turquesa. Lo que hice con ella fue tan inesperado que solo veo sus brazos agitando bajo el agua y me preocupo de tener que ir a su rescate. Pero pronto ella sale tosiendo y riendo.

_ ¡Christian! Me regaña con sus ojos decepcionados de no-voy-a-tener-sexo-ahora. Y yo solo me muerdo el labio para reprimir mi diversión. Ella me salpica agua y yo le devuelvo el juego.  

_ Tenemos toda la noche, le recuerdo, y sonrío lo más amplio posible. ¡Nos vemos nena! y me alejo nadando de ella antes de que termine de convencerme de hacer algo prohibido en este momento. Ella no es tan rápida como yo nadando así que me alejo con facilidad de ella. Al darse por vencida de que no habrá nada, se va hacia la orilla. Es mejor que se tome su Coca-cola mientras me quedo quemando un poco de energía, no quiero salir del agua con una erección a la vista. Esta noche estaremos más despiertos y con más ganas de jugar. Nado como una media hora más sintiendo el cambio de temperatura. Es notable la frescura que llega a la costa.  Decido volver a la playa y cuando me acerco más a la orilla, mis ojos se abren como platos al ver a Anastasia durmiendo boca arriba ¡con las tetas al aire!  ¡Mierda!  ¡Y la mitad de la puta playa la está mirando, incluyendo mi equipo de seguridad! ¡Mierda! ¡Mierda! Corro lo más que puedo para acercarme hasta ella y rápidamente le lanzo un paño sobre sus pechos. Los gemelos de seguridad hacen muecas por la exposición de sus pechos y Taylor frunce el ceño hacia ellos. ¡Estoy más que loco de rabia! ¡Se lo advertí!

_ ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! Le grito y la despierto. Estoy tan caliente de la rabia que creo que  mi cuerpo empapado de agua se podría secar solo. Abre los ojos, confusa al principio, y luego se da cuenta de  que está medio desnuda. 

_ Estaba acostada boca abajo. Debí haberme quedado dormida, susurra a la defensiva. Ardo de furia. Me agacho y recojo la parte superior de su bikini y se lo lanzo. No estoy del todo seguro que se haya dado la vuelta mientras estaba dormida. ¡Esto lo hace solo para desafiarme! ¡Mierda! A ella le encanta hacerme frente a todo lo que le digo. ¿Por qué una simple petición es un juego para ella? ¿A ella no le importa valorar lo que pienso?

_ ¡Ponte esto! Siseo entre dientes apretados.

_ Christian, nadie está mirando, es su débil excusa. ¿Nadie está mirando? Incluso los de seguridad se la están comiendo con los ojos.

_ Confía en mí. Te están mirando. ¡Estoy seguro de que Taylor y el equipo de seguridad están disfrutando el show! Le gruño. Ella finalmente tiene la decencia de cubrir sus pechos con los brazos en pánico después que mira a los de seguridad y darse cuenta que tenían sus miradas clavadas en sus tetas.


_ ¡Sí! Le gruño otra vez. Y algunos jodidos paparazzi podrían también tomar una foto. ¿Quieres ser la portada de la revista Star? ¿Desnuda esta vez? ¡Yo no puedo creerlo! ¿Por qué siempre me quiere llevar la contraria? ¿Por qué me tiene que desafiar en todo lo que le pido que haga?

Tan pronto como veo a una de las camareras caminando le grito, ¡L'addiction! Pidiéndole la cuenta y con mi tarjeta de crédito ya en mano.

_ ¡Nos vamos! Le digo con firmeza.

_ ¿Ahora? Pregunta  ¡maldita sea!

_ ¡Sí ahora! Le digo, volviendo a la otra tumbona, agarro mis pantalones cortos y me los pongo aún goteando y me coloco mi camiseta gris.  Cuando la camarera vuelve con mi tarjeta cargada, firmo tan rápido como puedo.

Después de ver mi comportamiento determinado, Anastasia se pone su vestido y sus sandalias.  Escondo mi ira y furia detrás de mis gafas de sol y airadamente recojo mi libro y mi Blackberry. ¿Acaso piensa que su broma era graciosa? El hecho de que estamos en una playa en Mónaco, lejos del alcance de conocidos,  no quiere decir que me gustaría que otros vean desnuda a mi mujer. ¡Eso es un límite duro para mí! Es como si me estuviera tocando otra persona que no fuera Anastasia. ¡Me provoca gritar rojo, rojo, rojo! Ella me hace sentir impotente. ¡Toma mi mundo ordenado y lo pone patas arriba, rompiendo todos mis límites! ¿Cómo se supone que un hombre debe hacerle frente a esto? Tengo que mostrarle lo que su comportamiento me hace sentir. Tengo que demostrarle lo desesperado, impotente e incompetente que me siento cuando no me complace en una simple cosa, bueno no es una simple cosa, ¡está desnuda por Dios!  ¡No permito que ninguna persona vea desnuda a mi mujer! ¡Eso es solo para mis ojos! ¡Ella sabe lo egoísta que soy cuando se trata de ella!

No puedo pronunciar otra palabra. La ira que siento es palpable. 

_ Por favor, no te enojes conmigo, susurra mientras esta colocando mis cosas en su mochila.

_ Demasiado tarde para eso, le digo en un muy bajo y tranquilo tono de voz.

_ Vamos, apenas pronuncio y la tomo de su mano. Le hago una seña a Taylor y a los gemelos Phillippe y Gaston. ¿Cómo puede Anastasia olvidar que tres hombres de seguridad, nos pisan los talones 24/7? Taylor parece estar enojado con Anastasia, también le diré que pudo despertar  Anastasia y no permitir que otros la vieran ¡joder es mi esposa! La sola idea me está torturando. ¡No comparto! Tratará de convencerme de que las otras mujeres estaban también en topless. Soy americano por favor y además no soy el esposo de ninguna de ellas, allá sus maridos que no están pendiente de lo suyo ¡Soy Christian Grey! ¡Soy el marido de Anastasia! Me ocupo de lo mío, y yo soy su dueño. ¡A la mierda esto!  Camino hacia el hotel tirando Anastasia detrás de mí, hasta llegar a la calle. ¡La rabia parece que sube como la espuma de la cerveza!  


¿Cómo puedo castigarla? ¿Negándole el orgasmo? Eso es estándar en el BDSM. Pero eso no es suficiente. Yo quiero que se sienta tan indefensa, tan desesperada, tan impotente, tan paralizada, tan expuesta como me siento cuando ella saca una de sus travesuras para desobedecerme. Quiero que se sienta en mis zapatos. Vagamente me doy cuenta de que Taylor y sus compinches franceses estás detrás de nosotros; menos mal que están a cierta distancia porque si no la pagaría con ellos.  


_ ¿A dónde vamos?

_ De regreso al barco, respondo sin mirarla. No quiero que me hable o que me ablande con remordimientos. Cuando lleguemos a la marina serán las cinco y cuarenta de la tarde. Llegamos a la marina en donde están atracadas la lancha y la moto acuática pertenecientes al First Lady. Desato la moto de agua mientras Anastasia le da su mochila a Taylor quien se va en la lancha. Anastasia lo mira nerviosamente. Él pone la mochila en la lancha y le entrega a Ana un chaleco salvavidas.


_ Aquí tiene, señora Grey, dice, y Anastasia se lo pone en silencio. Miro a Taylor finalmente arrojando mi  ira contra él. Él sabe que estoy molesto por dejar que los gemelos vieran a Ana en topless. Le pudo haber puesto una toalla encima ¡por el amor de Dios! Su mirada y mi mirada tienen la actitud de no cruzar fronteras. ¿Se le acaba de ocurrir que la pudo haber tapado? ¡El sabe lo celoso que soy con mí esposa! ¿O era mejor que todo Mónaco se comiera con los ojos los pechos de mi mujer?

Me centro de nuevo en Anastasia y me aseguro  de que su chaleco esté bien atado, así que aprieto con más fuerza la correa del medio.

_ Lista, le digo sin mirarla. Todavía no puedo hacerlo. ¡Todo el tiempo tratando de desafiarme! ¿Qué mensaje me quería enviar? ¡Mírenme soy una chica caliente y disponible! O ¡Le voy a dar un infarto a mi marido antes de que llegue a los 30!

Tomo una espiración profunda y me subo a la moto de agua y le extiendo mi mano para que se una a mí. Al segundo de sostener su mano, nuestra conexión me da vida de nuevo y despierta mi anhelo por ella. Ella agarra mi mano con fuerza y levanta su pierna sobre la moto de agua detrás de mí. Taylor y los gemelos se suben en la lancha. Me alejo del muelle y dejo que la moto de agua flote hacia el mar.

_ ¡Sostente! Le ordeno y ella obedece poniendo sus brazos alrededor de mí agarrándose con fuerza. Su nariz acaricia mi espalda y nuestra conexión me hace sentir vivo. Al sentir como inhala mi olor, una cantidad de pensamientos me vienen a la mente que me hacen poner rígido. No quiero dejar de lado la ira, ella tiene que ser castigada. Ella no puede seguir cruzando todos mis límites.  

_ Mantente firme, le recuerdo cuando la ira se desvanece poco a poco por sentirla tan cerca.  Besa mi espalda y apoya su mejilla contra mí. Me centro en el encendido de la moto y el motor ruge con fuerza. Acelero y me adentro a través de las aguas oscuras del puerto y me dirijo hacia el First Lady. Anastasia se aferra a mí con fuerza, pero puedo sentir su vibrante entusiasmo. A ella le encanta este medio de transporte. Cualquier cosa que pueda emocionarme.

Taylor mueve la lancha junto a la moto de agua y le hago señas de que primero nos vamos a divertir un poco. Acelero y vamos con rapidez hacia delante y la lancha da como latigazos contra el agua. Taylor es incapaz de seguir nuestro ritmo y se va directo al yate. Acelero de nuevo y nos vamos hacia mar abierto. La espuma del mar nos salpica, y la emoción de Ana es totalmente palpable y contagiosa. Ella está completamente emocionada y yo también de pasar un buen momento. No importa qué tan enojado esté con ella, la misión de mi vida sigue siendo hacerla feliz.


Hago un semicírculo gigante y nos alejamos de cara al puerto deportivo y miramos el Mont Agel, la montaña que hace frontera con Francia y Mónaco. Incluso también podemos ver el Chemin des Révoires llamado el tejado de Mónaco. La cantidad de apartamentos de colores blanco, amarillo y arena, hacen ver la ciudad atractiva. Anastasia chilla con deleite. Echo un vistazo por encima del hombro para verla y reprimir una sonrisa.


_ ¿Otra vez? Le grito.  Ella asiente con la cabeza vigorosamente y su entusiasmo me da una sonrisa oreja a oreja. Tuerzo el acelerador y paso con rapidez alrededor del Firts Lady haciendo varias vueltas y Anastasia grita con entusiasmo. Finalmente nos detenemos y subimos al yate.


_ Has cogido mucho sol, le digo notando su bronceado. Es una sombra muy agradable y hace brillar su piel en un tono saludable haciéndola aún más hermosa. Ella me mira tratando de evaluar mi humor. Uno de los camareros está de pie esperando por nosotros. Le entrego el salvavidas de Ana muy tranquilamente.

_ ¿Eso es todo, señor? Pregunta.

_ Un segundo, le contesto. Él asiente con la cabeza y espera. Me quito las gafas de sol y las cuelgo en el cuello de mi camiseta gris.

_ ¿Quieres una bebida? Le pregunto a Anastasia.

_ ¿Necesito una? Pregunta sorprendiéndome. Muevo mi cabeza hacia un lado y le pregunto en voz baja.

_ ¿Por qué dices eso?

_ Sabes por qué, responde ella. Mi esposa es muy inteligente y ella me conoce bien. No quiero hacerle daño, pero yo quiero que ella sepa cómo me hace sentir.

_ Dos ginebras por favor. Y algunos frutos secos y aceitunas, le digo al mayordomo.

Ahora que estamos solos, ¿qué hago con mi esposa? Mi mente está pensando en diferentes posibilidades de castigo todos los cuales implican a Anastasia en mi cama.

_ ¿Crees que me voy a castigarte? Le pregunto calmadamente.

_ ¿Quieres? Replica ella.

_ Sí, le respondo con sinceridad.

_ ¿Cómo?
_ Ya se me ocurrirá algo. Tal vez cuando  hayas tomado tu bebida, digo finalmente aún con mi mente trabajando. Sé exactamente lo que quiero hacer. Ella visiblemente se remueve pero es difícil leer su pensamiento. Yo no quiero mal interpretarla. Si ella no quiere ser castigada, no puedo hacerlo. Frunzo el ceño con el pensamiento.

_ ¿Quieres ser castigada? Pregunto.

_ Depende, murmura. Suena esperanzador.

_ ¿De qué? Pregunto tratando de ocultar mi sonrisa.

_ De si quieres lastimarme o no.

¡Mierda! ¡No quiero hacerle daño! Ella es mi esposa por el amor de Dios. Sólo quiero que ella entiendaa mis límites; mis límites duros. Yo no quiero que me asocie con dolor y angustia. Me inclino hacia delante y beso su frente.

_ Anastasia, eres mi esposa, no mi sumisa. Jamás quiero lastimarte. Ya deberías saber eso. Solo… no te quieres la ropa en público. No te quiero desnuda en todos los periódicos. No quieres eso. Y estoy seguro que tu madre y Ray tampoco lo quieren, le recuerdo.

Noto que se siente incómoda con la situación y que se da cuenta de que su indiscreción pudo avergonzar a un gran número de la familia.

El mayordomo finalmente regresa con nuestras bebidas y aperitivos y los pone en la mesa.

_ Siéntate, le ordeno. Ella se sienta y le paso su ginebra.

_ Salud, señora Grey, le digo mientras levanto mi vaso.

_ Salud, señor Grey, responde ella tomando un sorbo. Cierra los ojos y toma otro sorbo saboreando. ¡Se ve tan jodidamente caliente! Cuando abre los ojos y mira hacia arriba, ella me encuentra mirándola. Mi rostro es impasible y estoy luchando por dentro para controlarme. Todavía tengo ira y yo todavía quiero que sepa que no es aceptable para ella que se quite la ropa en público, y que ella es mi esposa, pero también quiero que sepa que yo no quiero hacerle daño. ¿Cómo hago esto? Incluso el placer puede ser utilizado eficazmente como un castigo. ¡Oh, sí! ¡Señora Grey, usted tendrá un castigo de mierda estilo Christian Grey! 

_ ¿Quién es el dueño de este yate?

_ Un caballero británico. Sir alguien o algo así. Su bisabuelo comenzó una tienda de comestibles. Su hija está casada con uno de los príncipes herederos de la corona de Europa, le contesto intentando recomponer la información que el gerente me dio ese día. Yo estaba demasiado enojado para recordar lo que me decían cuando el primer oficial comenzó a mirar de manera extraña a mi esposa en mi presencia.

_ ¿Súper ricos? Pregunta. ¿A dónde va con esto? Yo no quiero que piense en el dinero ahora, al igual que lo hizo en nuestra primera noche en París.

_ Sí, le respondo con cautela.

_ Como tú, ella murmura. ¡Mierda! ¡No pienses así, bebé!

_ Sí, me quejo. Su cara se cae.

_ Y como tú, le susurro mientras meto una aceituna en mi boca. Ella parpadea rápidamente. Quiero que recuerde que lo que es mío es también suyo. Ya no estoy solo, ahora somos nosotros. Ella es mía y yo soy suyo. Ella exhala lentamente.

_ Es extraño. Pasar de nada… ella dice agitando su mano para mostrarme el interior del costoso yate.

_ Te acostumbrarás, le contesto. Yo no quiero que esto sea un problema. Mi riqueza es su riqueza. Sin ella no tengo nada. Ella le dio sentido a todo lo que tengo.

_ No creo que jamás me vaya a acostumbrar, contesta.

Taylor aparece en la cubierta. 

_ Señor, tiene una llamada, dice y me extiende la Blackberry.

_ Grey, contesto levantándome de mi asiento.

_ Hola señor Grey. Es Ros. Pido disculpas por la interrupción de su luna de miel, pero voy directo al punto de inmediato, dice ella.

_ Bueno, apúrate entonces. ¿Qué pasa?

_ Es el astillero de Taiwán...

_ Estoy escuchando, respondo.

_ Walter y yo tenemos que reunirnos con los responsables de la empresa en Taiwan…

****    *****

Tan pronto cuando cuelgo con Ros, estoy ansioso por volver con mi esposa en la cubierta. Ella está sentada en el mismo lugar que la dejé. Con la mirada perdida, pensado… seguro que es por lo del dinero, aun tiene el rostro caído.

_ Tendrás que acostumbrarte, interrumpo sus pensamientos.

_ ¿Acostumbrarme?

_ Al dinero, le respondo rodando mis ojos. Ella no responde, pero empuja el pequeño tazón de almendras y nueces de la India hacia mí.

_ Sus nueces señor, dice ella, mordiéndose los labios para no sonreír. Yo también le sonrío.

_ Estoy loco por ti, le respondo comiendo una almendra, disfrutando de su humor malvado. Mis nueces, mi polla, y todo mi cuerpo se pierde en mi esposa. Lamo mis labios. Bebe. Vamos a la cama, le digo con los ojos oscuros.

Ella me mira extrañada. 

_ Bebe, le digo. La boca se me hace agua por el deseo, por los pensamientos carnales que atan mi mirada. Ella toma su vaso y termina toda la bebida sin apartar sus ojos de mí. Su mirada me dice que ella también quiere, haciendo que se me abra la boca y atrape la punta de mi lengua con los dientes. ¡Oh que voy a hacer con usted señora Grey! Me levanto con gracia sabiendo que ella está mirando todos mis movimientos y me agacho para descansar mis manos sobre los brazos de su silla.

_ Te voy a dar una lección. Ven. No orines, le susurro al oído. Ella me mira alarmada. No, yo no quiero que me hagan una lluvia de oro.

_ No es lo que piensas, le digo sonriendo y estiro mi mano hacia la de ella. 

_ Confía en mí, le susurro.

_ Está bien, responde poniendo su mano en la mía. Su confianza está escrita en toda su cara. Su pecho sube y baja con entusiasmo y anticipación. La llevo a la cubierta y pasamos por el salón principal y luego pasamos por el estrecho pasillo, llegando al comedor, y bajando las escaleras, está el camarote principal, nuestro dormitorio.  El cuarto ya está ordenado y completamente limpio. La cabina tiene un aire romántico. Es de color crema acentuando los colores rojos y oro, que hacen un buen contraste con los muebles de nogal. Las luces incrustadas están decoradas con pequeñas cortinas de rojo y oro también.

Libero la mano de Ana cuando entramos en el camarote. Me saco la camiseta por encima de mi cabeza y lo tiro en una silla. Me quito mis chancletas, mis pantalones cortos y el traje de baño. Estoy completamente desnudo ante mi mujer.  Ella me está comiendo con su mirada mordiéndose el labio. Su mirada es carnal. Llego hasta ella y a continuación le libero el labio.  

_ Así está mejor… me quejo y doy una zancada hacia el armario que alberga mi ropa. Abro los cajones inferiores y saco dos pares de esposas de metal y una máscara para los ojos. Ella amplía sus ojos mirando alrededor con nerviosismo en la cama, tratando de averiguar en donde voy a enganchar las esposas. Bebé no tienes ni idea de lo que puedo hacer con un par de estas. Mi mirada está fija en ella oscura y carnal.

_ Esto puede ser bastante doloroso. Puede hacerte daño en la piel si tiras demasiado fuerte. Pero realmente quiero usarlas contigo ahora. Le digo mostrándoselas.

¡Lo necesito!  Cuando ella me desobedece deliberadamente, me siento peor que si tuviera esposado. Me siento impotente, sin voz, sin control, sin timón, a la deriva. Ella me debilita. Su rostro es de pánico.  

_ Aquí, le digo para tranquilizarla y le entrego un par. ¿Quieres probarlas primero? Le pregunto. Ella las sostiene en sus manos. Sus dedos pasan alrededor de los puños abiertos. Veo cada movimiento que hace al tocarlas.

_ ¿Dónde están las llaves? me pregunta titubeando.

Abro la palma de mi mano y se las muestro. Esta es para los dos pares, de hecho para todos los pares. Sus ojos están cuestionándome. Yo no quiero que ella tenga miedo, pero realmente necesito hacer esto. Necesito aplacar la bestia que hay en mí sin hacerle daño. Me inclino hacia abajo, acariciando con mi dedo su mejilla y pasándolo por su boca. Me acerco lo suficiente como para besarla.

_ ¿Quieres jugar? La reto con un tono malicioso.

Quiero follarla. Quiero castigarla. Quiero mostrarle lo que me hace sentir. Me encanta maldita sea y me vuelve loco cuando me desobedece. Odié cuando sus hermosos pechos eran el punto central de la mitad de los que estaban en la playa, incluyendo a los de seguridad. Ella necesita saber como me siento.  

_ Sí, apenas y puede responder. Sonrío.

_ Bien, le contesto y le doy un beso en la frente.

_ Vamos a necesitar una palabra de seguridad, le digo. Ella me mira espantada.

_ Para, no será suficiente, porque probablemente vas a decir eso, pero no significa que lo quieras. Le digo mientras arrastro mi nariz sobre la de ella sin tocarla en otro lugar. Ella está muy excitada. Puedo sentir su corazón palpitante; su pecho se eleva hacia arriba y abajo en rápida sucesión.

_ Esto no va a doler. Sin embargo, será intenso. Muy intenso, porque yo no voy a dejar que te muevas. ¿De acuerdo? Pregunto. Quiero que absorba todo el placer de todos los golpes que le voy a dar. Un orgasmo muy intenso que le hará perder la mente por un momento. Ella entrecorta la respiración y baja su mirada. Mi pene está tan duro como una piedra, siento hasta mis bolas tensadas, estoy listo para tomarla y sigue creciendo ante su mirada.

_ Está bien, ella responde con una voz apenas audible, anticipando.

_ Elije una palabra, Ana, le recuerdo.

Ella piensa durante unos segundos, luego dice jadeando, helado.

_ ¿Helado? Le pregunto cuando ella está concentrado su miranda en mi pene. ¡Ella me quiere chupar!

_ Sí, responde casi en susurro.

Sonrío cando me hecho hacia atrás para mirarla.

_ Interesante elección. Levanta los brazos, le digo. Tomo el dobladillo de su vestido y lo saco por la cabeza y lo tiro al suelo. Extiendo mi mano y le pido las esposas, que las coloco en la mesa de noche junto con la máscara de ojos y la llave. Quito el edredón de la cama y lo dejo caer al suelo.

_ Date la vuelta, le ordeno. Lo hace, y yo desato su bikini, dejándolo caer al suelo.

_ Mañana yo ataré esto, murmuro. Tiro su lazo del cabello y tomo todo el pelo en mi mano, atrayéndola suavemente hacia mi pecho, contra mi erección que está en plena madurez. Muevo su cabeza hacia un lado y le beso el cuello.

_ Fuiste muy desobediente, le murmuro al oído, haciéndola recuperar el aliento.

_ Sí, ella lo reconoce.

_ Hmm. ¿Qué vamos a hacer al respecto?  Pregunto retóricamente.

_ Aprender a vivir con ello, responde libremente. Me río de su respuesta ¿cree que es así tan fácil?

_ Que optimista señora Grey, le digo mientras aterrizo pequeños besos  en su cuello.

Me enderezo y divido su cabello en tres partes para finalmente hacerle una trenza. Tiro suavemente de ella hacia mí y me inclino en su oído.

_ Voy a darte una lección… le ratifico su castigo.

Me siento rápidamente en la cama mientras la atrapo por la cintura y de un tirón la coloco sobre mis rodillas, haciendo que sienta mi erección contra su vientre. Le doy una nalgada dura y ella chilla. Luego la coloco en la cama boca arriba. Miro a esta hermosa criatura que es mi mujer con un deseo fundido en mis ojos. Ella está encendida, caliente y molesta, lista para ser follada.

_ ¿Sabes lo hermosa que eres? Le pregunto cuando paso mis dedos por sus muslos. Un escalofrío recorre su cuerpo. Sin apartar los ojos de mi magnífica mujer, tomo los pares de esposas y coloco cada una en cada tobillo.

_ Siéntate le pido y ella lo hace rápidamente.

_ Ahora abraza tus rodillas.

Ella parpadea cuando me ve y sube sus piernas en frente de ella abrazándolas con sus brazos. Me agacho y le levanto la barbilla para plantar un beso en sus labios antes de cubrirle sus ojos. Sus labios se abren en dos como buscando aire con todos sus sentidos en alerta.

_ ¿Cuál es la palabra de seguridad Anastasia? Pregunto.

_ Helado, responde ella en un susurro.

_ Bien le digo, y tomando su mano izquierda cierro la muñeca con la esposa del tobillo izquierdo e igualmente hago lo mismo con la derecha. Una vez finalizada la tarea me siento en mi mundo.

_ Ahora… suspiro… voy a follarte hasta que grites.  

Su boca se abre prácticamente jadeando.

La agarro por las puntas de los pies y la hago caer de espaldas sobre la cama. Las esposas la obligan a mantener las piernas flexionadas y el peso de sus rodillas las mantiene abiertas. Ella las pone a prueba tirando de ellas. Está completamente atada e indefensa. Así es como me hace sentir la mitad del tiempo. Que pruebe su propia medicina. Sus piernas caen un poco separadas, pero aún juntas. Las separo aún más por los tobillos y ella gime. Me inclino y comienzo a besar la parte interna de sus muslos. Normalmente ella estaría retorciéndose, pero ahora no puede hacerlo, a menos que quiera que las esposas se claven en su carne. No tendrá más remedio sino que absorber toda la intensidad del placer. Trata de mover sus caderas, pero el freno se lo impide.

_ Vas a tener que absorber todo el placer, Anastasia. Sin moverte… le digo mientras paso mi lengua por el borde de su bikini. Finalmente desato las tiras de los pequeños triángulos que tapan toda su femineidad. Una pequeña tela sexy que ya la había hecho mostrar demasiado.  Respiro bruscamente al ver a mi mujer completamente desnuda, atada, incapaz de moverse debajo de mí. Quiero hacerle el amor, follarla y sacarle toda la mierda de placer que pueda. Este será un giro total en nuestras relaciones. Sigo colocando besos entre su vientre y chupo su ombligo hasta atraparlo entre mis dientes.

_ Ah... suspira. Llego hasta sus pechos dando besos suaves y chupones. Le doy la presión justa para darle placer, pero la suficiente succión para marcarla como mía. Repito varias veces por ambos pechos. Ella no será capaz de quitarse la parte de arriba de su bañador por un buen tiempo. Ella suspira de nuevo con placer.

_ Shhh... la calmo. La forma en que la veo en este momento me hace enamorarme cada vez más. –Eres tan hermosa Ana– le declaro. Ella gime con frustración y deseo. Ella quiere coincidir su ritmo con el mío, tocarme, pero no puede. Gime de nuevo y tira de sus ataduras, frustrada e incapaz de hacer lo que quiere. Yo Tengo el control. Ella grita.

_ ¡Argh! Y tira de nuevo con fuerza de sus puños.

_ Tú me vuelves loco, le susurro. Así que te voy a volver loca, le digo y descanso sobre ella, poniendo mi peso sobre mis codos. Sigo chupando sus magníficos pechos y llego hasta sus pezones que piden mi atención. Mis labios y mis dedos ocupados en sus pezones. Tomo uno con mis dientes mientras le doy la misma atención al otro con mis dedos. Como un experto voy pellizcando, mordiendo, chupando, dejando pequeños senderos por todos sus pechos como un salvaje.  Voy turnando sus pechos con mis manos y mi boca; lamiendo, enrollando, chupando sin detenerme. No le queda otra cosa que absorber todo lo que tengo para darle. 

_ Christian… Ella comienza a comunicarse para buscar una fricción. Sonrío contra su piel, triunfante, sabiendo que finalmente estoy consiguiendo el sabor de la tortura.

_ ¿Te quieres correr de esta manera? Le digo mientras mis labios envuelven todo su pezón que está endurecido por la excitación. Tú sabes que puedo… le digo chupando con más fuerza haciéndola gritar. Puedo sentir la sensación, la electricidad, el placer viajar por su pezón, hasta llegar a la ingle, hasta su sexo, porque ella trata de moverse sin poder, trata de absorber el placer que se extiende por su cuerpo con toda intensidad.

_ Sí… ella gime.

_ Oh, nena, eso sería demasiado fácil, le digo.

_ Por favor, Christian, ella me pide.

_ Shhh... la calmo pasando mis dientes sobre su barbilla, entonces despacio hago mi camino hasta su boca para consumirla. Ella corta la respiración mientras la beso. Mi lengua la invade y se hace cargo. Acaricio, la chupo, exploro y ella empuja la suya imitando los movimientos que van emparejando mi fervor y mi intensidad. Agarro su barbilla sosteniendo la cabeza en su sitio.  

_ Espera nena. Quiero que esperes,  le susurro contra su boca.

_ Quiero verte, se queja.

_ Oh no, Ana. Sentirás más de esta forma.  Estando a oscuras, no sabrá lo que voy a hacer, no sabrá que esperar. No ver, la obliga a utilizar y confiar en su sentido del olfato y del tacto. Yo quiero que sienta, que absorba todo. Poco a poco y con pericia doblo mis caderas y empujo mi hombría parcialmente dentro de ella. Ella hace un esfuerzo por empujar su pelvis y darme completamente la bienvenida, pero no puede moverse. Ella me desea, pero será incapaz de tenerme como ella quiere. Está frustrada, al igual que yo hace unos momentos. Me retiro de ella dejándola con ganas.

_ ¡Ah! ¡Christian, por favor!

_ ¿Otra vez? Pregunto en broma.

_ ¡Christian! ¡Lo quiero! Ella pide de nuevo.

Empujo de nuevo solo una pequeña parte con lentitud y me retiro mientras la beso, mis dedos tirando de sus pezones. Ella está en la cima del placer, pero incapaz de dejarse ir y está desesperada por ello.

_ ¡No! Pero no dice la palabra de seguridad. Ella está frustrada por la intensidad de mis atenciones.

_ ¿Me necesitas Anastasia? Le pregunto con los dientes apretados.

_ Sí, ella pide rogando.

_ Dímelo, ordeno con voz ronca. Necesito saber. Quiero saber. ¡Tengo que saber que ella me quiere! ¡Que ella está desesperada para mí! ¡Para mí solo! No por ningún otro individuo que pudo echar un vistazo a sus pechos.

_ Te necesito por favor… dice gimiendo. Su declaración me da alivio, y yo suspiro suavemente en su oído.

_ Y me tendrás Anastasia. Finalmente golpeo con fuerza dentro de ella hasta la empuñadura ¡Duro! Ella grita inclinando su cabeza hacia atrás tirando de sus ataduras. Cuando toco su punto dulce, puedo sentir como se contrae su vagina y como se estremece todo su cuerpo.  Es agónicamente intenso para ambos, placentero, estamos sobre el límite de la perversión. Ella trata de moverse y combinarse conmigo, pero no puede. Todavía dentro de ella, saboreándola completamente, hago círculos con mis caderas, dándole la fricción que necesita, dejando que la sensación irradie por todo nuestros cuerpos y disfrutando de nuestra conexión.   Esto es lo que ella me hace. Me empuja y me empuja una y otra vez desafiándome, dejándome indefenso.

_ ¿Por qué me desafías, Ana? Pregunto porque realmente necesito saberlo.

_ Christian, para... ella me amonesta. Ella me amonesta a pesar de que es ella la que me está desafiando, dejándome despojado, vulnerable. Pero no me ha dado la respuesta que necesito. Así que hago círculos de nuevo, mi pene burlándose y frotándola. Me retiro poco a poco y golpeo con fuerza de nuevo.

_ Dime. ¿Por qué? Siseo entre dientes. Necesito saber. ¿Ella me odia? ¿Le gusta llevarme la contraría? ¿Quiere algo más? ¡Estoy desesperado por saberlo!

Ella grita un gemido incoherente...

_ ¡Dime! Le digo mientras golpeo en ella de nuevo.

_ Christian... su voz es de amonestación.

_ Ana, necesito saberlo. Le digo chocando con ella de nuevo con cada palabra, confinándome en el interior de su sexo con más intensidad. Ella tira contra sus ataduras, lista para llegar a su clímax, dispuesta a dejarse ir. Su sexo aprieta con fuerza envolviendo mi polla pulsante.

_ ¡Yo no sé! Ella grita. ¡Porque puedo! ¡Porque te amo! Por favor, Christian, ella me ruega y su declaración es mi perdición. Se las arregla para apoderarse de mí mentalmente a pesar de que ella es la contenida. Me quejo en voz alta y entro y salgo una y otra vez, una y otra vez. Ella se pierde en la sensación, en la intensidad abrumadora que le estoy dando. Abre su boca y gime incoherencias mientras su cuerpo entra en un éxtasis abrumador. 

_ Eso es todo, gruño. Siéntelo nena.  Mientras llega a la cima de su éxtasis, ella grita en voz alta. Su orgasmo detona en grandes olas de placer, barriendo a través de su cuerpo, temblando con las secuelas. Me arrodillo ante ella, arrastrándola conmigo fuera de la cama y la pongo en posición vertical sobre mi regazo. Le agarro la cabeza con una mano y con la otra sostengo su espalda y la penetro con fuerza varias veces más para vaciarme dentro de ella con un orgasmo tan violento que involuntariamente mi cabeza va hacia atrás mientras veo pasar fuegos artificiales ante mis ojos. Mi polla palpitante sigue perdida dando largos golpes dejando hasta la última gota de placer. No solo me proporciona un alivio físico, sino también un alivio emocional.


Le quito la venda de sus ojos y la beso. Capturo sus labios y despierto su boca con mi lengua. A continuación le beso los ojos, la nariz, las mejillas y las lágrimas que hay en sus ojos.  

_ Te amo, señora Grey, respiro en su boca. A pesar de que me vuelves loco, me siento tan vivo contigo, le confieso. Ella es mi línea de vida. Ella es lo que me hace sentir intensamente vivo. Está tan agotada que no puede decir ni una palabra. Suavemente salgo de ella y la acuesto en la cama.

Ella trata de protestar, pero está perdida. Me subo a la cama y deshago rápidamente las esposas y froto sus muñecas y tobillos. Me sitúo junto a ella y la atraigo hacia mis brazos acunándola y cansada por nuestros esfuerzos ella deriva en un sueño tranquilo. La veo tan joven e inocente. Soportó su castigo de mierda y sin embargo siento que yo soy el castigado. Yo soy el que está viviendo de nuevo.

Cuando Anastasia está profundamente dormida, me deslizo fuera de la cama y voy al cuarto de baño para tomar una ducha. Una vez que termino me visto y me subo de nuevo a la cama con mi portátil para empezar a trabajar. El cielo afuera está oscuro ya son las nueve de la noche. El yate se está moviendo vía Cannes. Anastasia se mueve hacia mi lado. Dejo de escribir para tratar de no despertarla pero surte el efecto contrario. Abre los ojos, primero confundida, tratando de evaluar en donde está.

_ Hola, le digo enamorado como siempre.  

_ Hola, sonríe de nuevo y se sonroja. ¿Por qué la timidez? ¿Cuánto tiempo he estado dormida? Pregunta.

_ Sólo una hora más o menos, le contesto.

_ ¿Nos estamos moviendo?

_ Supuse que como cenamos anoche fuera y fuimos al ballet y al casino, cenaríamos esta noche en el barco. Una noche tranquila “á deux”

_ ¿A dónde vamos?

_ A Cannes, le respondo.

_ Está bien, dice ella estirando su cuerpo y sus piernas. Se sienta y coloca sus pies en el suelo. La miro y me doy cuenta de los chupones que tiene en sus pechos. Ella toma la bata de seda y se envuelve tímidamente. Mis ojos continúan siguiendo sus movimientos. Me siento inquieto, descontento con las marcas. Frunzo el ceño y vuelvo la mirada a mi portátil, pero no soy capaz de enfocarme. ¿Por qué demonios me siento de esta manera? Ella me desafió, dejando sus pechos al aire en la playa. ¡Y yo soy el que me siento como una mierda! Anastasia entra en el cuarto de baño. Miro y miro la puerta del baño, esperando a que salga. Esperando ansiosamente su reacción cuando se dé cuenta de sus chupones. Pero ella no sale. ¿Qué está haciendo ahí? No oigo el agua de la regadera. No hay sonido. ¿Estará brava? ¡Demonios! Ella sale del baño y evita por completo mi mirada y se va al armario. ¡Esta jodidamente enojada conmigo!  ¡Que mierda!

_ Anastasia, la llamo ansioso ¿Estás bien?

Ella no responde. Pocos minutos más tarde con pasos de furia sale al dormitorio en una camisola y pantalones de chándal y sin mediar palabra me arroja algo. Apenas tengo tiempo para reaccionar y levantar los brazos para proteger mi cabeza de forma automática. Anastasia sale furiosa fuera del dormitorio y me doy cuenta que me ha lanzado su cepillo de peinar como todo un jugador profesional de béisbol. Me siento impresionado y preocupado por su ira. Esta es la razón por la que mi mujer me puede sorprender en todo.

La sigo fuera de la cabina. Camino con más rapidez para alcanzarla en la planta alta. Cuando llego a la cubierta, el aire cálido me golpea. El olor a salitre del Mediterráneo, el dulce aroma de jazmín y de las plantas en las orillas, crea una mezcla interesante de olores. El mar Mediterráneo se ve azul cobalto en la oscuridad de la noche y el yate se desliza sobre el mar sin problemas. Anastasia está mirando hacia la lejana orilla con los codos apoyados en la barandilla de madera, mirando distraídamente las luces a la distancia. Yo estoy detrás de ella sin hacer ningún movimiento o algún esfuerzo por tocarla. Ella está vibrando de tensión y de ira.

_ Estás enojada conmigo, le susurro.

_ ¡No me jodas, Sherlock! Sisea.

_ ¿Cuánto de enfadada? Le pregunto en voz baja.
_ En una escala del uno al diez, creo que cincuenta. Apropiado ¿no? Eso suena impresionantemente furiosa. Una mujer que cuya ira podría igualar la mía. Esta mujer encaja para mí.

_ Así de enfadada… le contesto sorprendido.  

_ Sí. Cercana al enfado violento, responde con los dientes apretados.  No sé como manejar esto. Me quedo en silencio y la miro cauteloso y con los ojos muy abiertos. ¿Qué debo hacer? Simplemente me quedo callado esperando su reacción. Ella me mira con recelo evaluando mi estado de ánimo.

_ Christian, tienes que dejar de tratarme de meter en cintura. Dejaste claro tu punto en la playa. De manera muy eficaz tal como lo recuerdo. Ella sabe por qué me moleste. Me encojo de hombros.

_ Ya no te quitarás la parte de arriba de nuevo, murmuro.

_ No me gusta que dejes marcas en mí. Bueno, no todas estas. Es un límite duro para mí, sisea.

¿En serio? ¡Al diablo con eso! ¿Y qué pasa con mis límites duros? ¿Por  qué tengo que ser el que esté luchando con mis sentimientos e impotencia? ¿Por qué mis límites duros ella los puede cruzar todo el tiempo?

_ No me gusta que te desnudes en público. Eso es un límite duro para mí, gruño mi respuesta.

_ Pensé que habíamos determinado eso, sisea de nuevo a través de sus dientes apretados. ¡Mírame! Grita tirando de su camiseta hacia abajo. La parte superior de sus pechos están salpicadas de chupones. Mi mirada se desliza de nuevo a su cara, sin pestañear. ¡Tiene razón y me siento como una mierda! Sé que esta mal. ¿Pero por qué tenía que desafiarme cuando explícitamente le dije que no lo hiciera? Establecí el límite físico. Pero no quiero herirla o marcarla.

_ Está bien, digo finalmente tratando de apaciguar la situación. Lo entiendo.

_ Bien, contesta abandonando la pelea. Paso mi mano por su cabello.

_ Lo siento. Por favor, no te enfades conmigo, me disculpo. Sé que cuando ella me lo dice a mí, derrite mi corazón, haciendo que la rabia abandone mi mente. Pero de verdad me siento arrepentido.

_ A veces eres como un adolescente, me advierte. Tiene razón por supuesto. Doy un paso hacia ella, no quiero que peleemos. Odio la distancia entre nosotros. No puedo soportarlo. Lentamente levanto mi mano y meto un mechón de pelo detrás de su oreja.

_ Lo sé, reconozco en un tono suave, tengo mucho que aprender. No sé de otra manera.

_ Ambos tenemos que hacerlo, responde ella en un suspiro. Luego levanta la mano y con cautela la sitúa sobre de mi corazón. El gesto aunque pequeño, es significativo para mí. Ella es la única persona que me puede tocar así. No me estremezco, pero todavía me pongo rígido. Me gusta que me toque, me encanta, ya no puedo vivir sin ello. Pongo mi mano sobre la suya con mirada de disculpa y sonrío.

_ Acabo de aprender que tiene un buen brazo y buena puntería Sra. Grey. Nunca me hubiera imaginado que haría eso, pero constantemente la subestimo. Siempre me sorprendes, le digo en voz baja.

Ella levanta sus cejas hacia mí.

_ Prácticas de tiro con Ray. Puedo dar un disparo derecho señor Grey, y haría bien en recordar eso,  me advierte juguetonamente.

_ Me esforzaré por hacerlo señora Grey, o me aseguraré que todos los objetos potencialmente proyectiles, estén clavados y que no tenga acceso a ningún arma, le digo sonriendo.

_ Soy inventiva, me dice devolviendo la sonrisa.

_ Eso eres señora Grey, le susurro y envuelvo mis brazos a su alrededor, tirando de ella hacia mí. Este es el único lugar en el que quiero estar. En sus brazos, conectados, inhalando su aroma. Mi cuerpo se relaja.

_ ¿Estoy perdonado? Pregunto en voz baja. Quiero saber que todo está bien entre nosotros.

_ ¿Lo estoy yo? Pregunta. En ese momento yo sé que ella me ha perdonado.

_ Sí, le contesto.

_ Ídem, ella dice. La amo inmensamente. Nos abrazamos durante varios minutos. Al darme cuenta de que no hemos cenado, le pregunto.

_ ¿Hambrienta?

Ella está descansando contra mi pecho.
_ Sí. Famélica. Toda la… actividad… me ha producido apetito. Pero no estoy vestida para cenar.  ¿Quién dice que tenemos que salir?

_ Te ves bien para mí, Anastasia. Además, es nuestro barco por toda una semana. Podemos vestirnos como queramos. Piensa en como vestir el martes en el Cote d’Azur. De cualquier forma creo que comeremos en la cubierta.   

_ Sí, me gustaría eso, responde sonriendo. Su sonrisa derrite mi corazón, lava mis preocupaciones y me inclino para besarla. La beso con todo lo que tengo para pedirle perdón. Declarar mi amor con cada caricia de nuestros labios. La amo. Cuando por fin terminamos nuestro beso, la tomo de la mano y la llevo a donde está servida la cena para nosotros.

Comenzamos nuestra cena con una sopa de gazpacho. Aunque hay mucho que comer, no puedo prestar atención a lo que estoy comiendo. Mi atención se centra en mi esposa. Cuando finalmente nos sirven el postre, y el mayordomo se ha retirado, Anastasia me hace una pregunta muy curiosa.

_ ¿Por qué siempre trenzas mi cabello? Estamos sentamos uno frente al otro, con su pierna cruzada sobre la mía. Es un simple gesto, pero muy sensual. Rompo el caramelo quemado en la parte superior de la crème brulée y pienso en su pregunta. Hay dos respuestas para eso, pero yo no quiero decirle la primera porque va a elevar su curiosidad. No estoy dispuesto a hablar de la puta y romper este momento mágico. Así que le doy la respuesta más sencilla.

_ Yo no quiero que tu cabello se enrede con nada, le digo en voz baja. Costumbre, creo. Me encojo de hombros. 

Pero ocultarle la razón principal a mi esposa me molesta. Frunzo el ceño mientras abro mis ojos y mis pupilas se dilatan. No quiero pensar en una madre que no me amó. Por un momento estoy perdido en los recuerdos. Perdido en los pocos momentos preciosos que tuve con ella. Hubo muy poco de ellos. Peinar su cabello era uno. Anastasia se da cuenta de mi expresión de alarma así que se inclina y pone su dedo índice en mis labios.

_ No, no importa. No necesito saber. Tenía curiosidad, dice en voz baja con una sonrisa tranquilizadora. Ella me ancla a aquí y ahora con su dulce tono. Me concentro en mi esposa; me centro en el amor que ella me muestra. Ella me lleva a los niveles  de cordura. Finalmente me las arreglo para demostrarle tranquilidad. Ella se inclina y besa  la esquina de mi boca.

_ Te amo, susurra, y su declaración es más valiosa para mí que cualquier otra cosa. Necesito su amor más de lo que necesito mi próximo aliento. Yo siempre te amaré, Christian, añade sin romper su mirada con la mía.

_ Y yo a ti, me las arreglo para responder en voz baja.

_ ¿A pesar de mi desobediencia? Pregunta alzando las cejas.

_ A causa de tu desobediencia, Anastasia, le contesto finalmente, sonriendo. Mi respuesta es una sonrisa desgarradora. Una vez que la cena ha terminado, echo mano a la botella de vino rosado y vuelvo a llenar su vaso. Anastasia mira a su alrededor para asegurarse de que no hay nadie y discretamente me hace una pregunta.

_ ¿Qué pasa con la cosa de no ir baño?

_ ¿De verdad quieres saber? Pregunto con una media sonrisa, mis ojos están encendidos con una sonrisa lasciva.

_ ¿Debo? Me pregunta cuando toma un sorbo de vino.

_ Cuanto más llena tu vejiga, más intenso será tu orgasmo Ana.

_ Oh, ya veo, responde ella.

La vejiga llena, ejerce una ligera presión en los órganos sexuales y los estimula haciéndolos más sensibles. Por eso presioné su vejiga una y otra vez como un punto a favor. Entré con fuerza, giré mis caderas y luego me detuve, en varias ocasiones. Hacer el amor con Ana para mí no es una carrera, es una maratón y disfruto cada segundo de gloria. 

_ Sí. Bueno... ella mira a su alrededor como para de cambiar el tema.

_ ¿Qué es lo que quieres hacer por el resto de la noche? Sé lo que quiero hacer... Agarro mi copa de vino y me levanto extendiendo la mano hacia ella. Ven, le digo. Me voy con Ana hasta el salón principal y enciendo mi iPod, me desplazo por la lista de canciones y elijo una para nosotros. “Usted nunca encontrará un amor como el mío” de Laura Pausini y Michel Buble. Presiono el botón y las voces aterciopeladas resuenan en el salón.

Michael Buble & Laura Pausini - You'll Never Find

_ Baila conmigo, le digo tirando de ella en mis brazos.

_ Si insistes.

_ Insisto señora Grey. Muevo mis pies y giramos alrededor del salón. Ella grita y se ríe cuando la bajo, entonces la levanto y la hago girar entre mi brazo.  

_ Bailas muy bien. Es como si yo pudiera bailar, dice ella. Sonrío. Su rostro cae ligeramente. Ella sabe que Elena me enseñó a bailar, pero también aprendí con mis propios esfuerzos. Tomé clases de baile para no confundir el pie derecho con el izquierdo. Yo la bajo una vez más y le beso los labios. Ella comienza a tararear la canción.

_ Extrañaría tu amor… repite junto a la canción.

_ Yo extrañaría más que tu amor, le digo mientras la giro una vez más y comienzo a cantarle al oído. 



Tú nunca encontrarás, mientras vivas
Alguien que te ame tiernamente como lo hago yo
Y tú nunca encontrarás, no importa donde busques
Alguien a quien le importes tú de la manera que lo hago yo

Whoa, No estoy alardeando de mí mismo, cariño
Porque yo soy el único que te ama
Y no hay nadie más, Nadie más

Y tú nunca encontrarás
Te tomará el fin de todo el tiempo
Alguien que te entienda como lo hago yo
Tu nunca encontrará el ritmo, la rima 
Toda la magia que hemos compartido, sólo nosotros dos

Yo no estoy tratando que te quedes mi amor
Pero sé que de alguna forma, algún día, de alguna manera
Lo harás
Tú vas a extrañar mi amor
Vas a extrañar mi amor
vas a extrañar mi amor
Vas a extrañar mi amor
vas a extrañar mi amor
Tú vas a extrañar, vas a extrañar mi amor, extrañar mi amor

Tú nunca encontrarás otro amor como el mío
Y seguirás buscando y buscando durante toda tu vida
Yo no te deseo mala suerte, nena
Pero no hay peros o quizás

Tú vas, tu vas a extrañar mi amor
Tú vas a extrañar mi amor
Se que vas a extrañar mi amor
Tú vas a extrañar mi amor
Vas a extrañar mi amor

Whoa, oh, oh, oh, oh , 
A la última hora  de la medianoche, nena
Cuando realmente hace frío afuera 
Vas a extrañar, vas a extrañar mi amor

Déjame decirte que, Tú vas a extrañar mi amor
Sí lo harás, nena
Cuando me haya ido…
Lo se, lo se, lo se… que lo harás

14 comments:

fanny rebellon said...

Grey es terrible, pero esos castigos bien valen la pena, jajaja. deberían sacar un manual con los inventos de grey a la hora de hacer el amor, haber si de una buena vez aprenden los hombres, gracias Emine eres una genio, un beso. Y tu mi amiga patricia, mil gracias por esa bella traducción, a partir de la otra semana tendrás a las mujeres aquí, gracias mi reina un besote.

Anonymous said...

Antes que nada mis saludos para Emine y Patricia, Comparto con Fanny lo del manual,gracias Patricia por continuar con la traducción, es fantástico el trabajo que ha realizado Emine y que tu puedas transmitir sus palabras de este modo, que decir, hasta la próxima semana. Andrea desde Arg.

numafu said...

ahhh Dios christian y estos castigos tan fuerte yo nose si yo los aceptaria. Eminen que trabajo tan bueno el que haces mujer parece que estuvieera leyendo a la misma erika. patricia gracias a ti tambien por la traducion, por cierto amo esa cancion de michael buble

DIANA BEDOYA said...

Hay Dios santo... Grey definitivamente es muy ingenioso a la hora de desahogarse con Ana.. jajajaja es impresionante hasta donde puede llegar... Emine sos increible y Patricia gracias por la traduccion...

Anonymous said...

Es uno de mis capítulos preferidos como se desahoga sin lastimar al contrario darle el mayor placer a Ana y saber q en tiene el control bueno el poco ya q l keda grax emine

Marisol Blancas said...

Grey es un gran conocedor sexual y me encanta la manera tan posesiva de cuidar de Ana aunque sienta que lo vuelve loco.

Anonymous said...

Patricia se te extraña mucho, cuando subes nuevamente, se que no solo haces esto por ello solo pregunto, mis mas sinceros saludos y gracias por tu trabajo. Andrea desde Argentina.

Unknown said...

gracias por su trabajo;
Nura de Marruecos

aries said...

Me encanta, muchisimas gracias por el esfuerzo de traducir los capitulos. Deseando leer los siguientes. Un saludo.

aries said...

Muchas gracias por el esfuerzo de traducir los capitulos que estan geniales.
Un saludo y deseando leer los siguientes.

Anonymous said...

HOLA:

Se te extraña montones. Espero que estes bien.
Aqui ansiosas por que siga esta historia tan intensa.

Saludos.

Patricia Pinto said...

Chicas disculpen la tardanza por la traducción. Muchas cosas he tenido que hacer, mi nieto me quita tiempo, me fracturé mi dedo índice, y bueno... ya saben, las mujeres siempre estamos ocupadas. Ya envié el capítulo XIII a Emine, espero continuar la traducción semanalmente como lo venía haciendo. Un beso a todas y gracias por sus comentarios, gracias a ellos una se inspira para seguir con el trabajo.

Anonymous said...

Me alegro muchísimo Patricia que hayas vuelto, te mando un saludo enorme. Andrea desde Argentina

maritere1939 said...

Como extraño que no hayas continuado, me tienes en ascuas, y tú eres responsable por tu buena traducción, ¿cuándo podrás continuar traduciendo Paty?