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Saturday, March 8, 2014

Libro II - Capítulo Prima: CINCUENTA SOMBRAS DE GREY - CHRISTIAN Y ANASTASIA

EL MAESTRO ES OSCURO

   Traducido y editado por: Patricia Pinto


Es sábado, pero tengo mucho trabajo que hacer. Leila está preparando nuestro almuerzo. Tengo que repasar algunos esquemas de la telefonía celular. Quiero llevar la tecnología de comunicación a lugares en lo que no está fácilmente disponible. Pero hay un problema técnico y me está volviendo loco. Me gusta que las cosas se hagan en el momento oportuno. ¡Cuando yo lo quiero, no cuando mi equipo de ingeniería pueda reunirse! ¡Alguien va a ser despedido por esto! ¡Esto es pura incompetencia!

Tomo mi Black Berry y llamo al jefe del equipo de ingeniería.

Él responde al primer tono.

_ Sí, señor Grey. ¿En qué puedo ayudarle?

_ ¡Warren! ¿Por qué tanta incompetencia? Quería que este diseño de teléfono móvil estuviera completamente libre de necesidad de carga. ¡No haz eliminado eso!

_ Señor Grey, los móviles todavía tienen que ser cargados con electricidad por lo menos una vez a la semana. Aun no pudimos eliminar eso señor, murmura con voz débil.

_ Aquí está el problema. Contraté a su equipo para ELIMINAR la dependencia de la red eléctrica. Debe tener la capacidad, sí. ¡Pero no la necesidad de dependencia! Te dije cuales eran los problemas. Queremos que esté disponible en lugares donde no hay fuente de energía inmediata. Debe ser capaz de pasar semanas sin cargarse. De esa manera puede estar a disposición de la gente en los rincones más remotos del planeta, para los excursionistas, viajeros, soldados por igual. ¿Cómo esperas que se los venda si le exigimos enchufarlo? ¿Acaso crees que se lo enchufarán en el culo?

Casi puedo sentir que se  estremece en el teléfono. 

_ Por supuesto que no, señor, él apenas puede pronunciar. Todavía necesitan algún tipo de fuente de energía, sin embargo.

_ Warren, tú y tu equipo se contrataron para resolver este problema. Al cargar este teléfono durante cinco años se añaden 3,6 kilos de CO 2 a la atmósfera.

_ Pero señor, eso es menos de la mitad de lo que un solo litro de gasolina produce en un coche, vuelve con aire de suficiencia.

_ ¡Escúchame idiota! ¡No hay 2,5 millones de coches en América del Norte! Pero sí hay 2,5 millones de cargadores de dispositivos de mano solamente en los Estados Unidos  y eso consumirá suficiente electricidad como para generar ocho mil millones de kilogramos de carbono. ¿Ahora entiendes pendejo? Y se supone que eres el ingeniero de energía sustentable, le digo hirviendo de ira.

_ Entiendo, señor, dice amonestado.

_ Quiero saber que tú y tu equipo puedan resolver el problema. ¡No te estoy diciendo para cuando puedas! ¡Te estoy diciendo que lo hagas, no me mandes ningún prototipo si eso no está resuelto! ¡No tolero la incompetencia en mi equipo de ingeniería!

_ Puede que no seamos capaces de hacerlo totalmente independiente de algún tipo de fuente de energía, señor, dice con una voz mansa.

_ Quiero que el tiempo de carga se limite a una hora, una vez al mes. El resto debe ser sustentable. Este es tu objetivo. ¡Trabajar en pro de eso! ¡Quiero esquemas mejorados periódicamente y muestras de trabajo una vez a la semana! ¡Hazlo! ¡Si no encuentro resultados dentro de 4 semanas, tu equipo se va! ¡Ponte en contacto con tu equipo de mierda y los quiero ver a todos el martes! ¡Así que mejor que estén listos!

_ Sí señor, dice preocupado, y cuelgo. La ira bulle a través de mis poros. Dirijo mis dos manos por el pelo, exasperado. ¡Han tenido seis meses y esto es el mejor a lo que han podido llegar! Quiero distribuir esa tecnología. ¡Y le estoy pagando a este equipo un sueldo considerable, mucho dinero para sus investigaciones y me dan un trabajo de medio culo!  

Cuando miro el equipo y los esquemas de nuevo oigo un golpe en la puerta.

_ ¡¿Qué?! Gruño.

Leila entra con la mirada hacia abajo. Ella se ve hermosa en su camisón de satén.

_ Habla, le digo.

_ El almuerzo está listo Maestro, dice en voz baja.

_ Ven aquí Leila, le digo. Necesito aliviar esta tensión y deshacerme de este enojo. Se acerca a mi mesa lentamente, con la cabeza aún baja. Me puedes mirar Leila, le digo en voz baja. Ella lo hace. Sus ojos marrones están encendidos con un poco de emoción. Vamos a comer el almuerzo después, digo tirando de ella.

Los días que le toca estar aquí en Escala, ella no debe usar ropa interior, a menos que yo se lo indique. Así que ahora ella no debe llevar nada debajo de su camisón de raso. Las largas pestañas de Leila revolotean cuando ella levanta sus ojos castaños hacia mí, y puedo sentir su corazón latir con rapidez cuando conoce mi mirada. Está nerviosa esperando el castigo de hoy por su comportamiento repugnante de anoche. Mi expresión es oscura, pero impasible. Ella humedece sus labios con la lengua instintivamente y le agarro la cara entre mis manos y mis labios descienden  sobre los de ella y los capturo con eficacia entre los míos. Mientras moldeo mis labios a los de ella, mi lengua entra en su boca con impaciencia. Su respuesta es automática, pero sus brazos se mantienen caídos a un lado. Ella no puede tocarme nunca.  Sólo sus labios y su lengua deben trabajar la magia. Ella cierra los ojos mientras moldea sus labios con los míos y por un breve momento se pierde en sí misma y sus manos van hasta mi pecho sigilosamente acariciando. ¡Mierda! La empujo inmediatamente como un acto instintivo y repugnante, siento como si me hubieran pegado un mechero de fuego.  La bilis se sube a mi garganta y mis manos van directamente a mi pecho de forma automática tratando de  apagar el fuego.  Me estremezco con disgusto. Leila se ve sorprendida por mi reacción.

_ Maestro lo siento, se me olvidó, dice gimiendo.

_ ¡Silencio! Raspo.

Ella no solo será reprendida, sino que requerirá de un buen castigo por quebrantar mi límite infranqueable. ¡No se le olvidó! ¡Ya tiene ocho meses conmigo! Conoce mis reglas desde la primera reunión. ¡Tampoco es una nueva sumisa! ¡Ella conoce a la perfección los límites! Yo camino alrededor de ella, mientras ella está con la cabeza gacha y las manos en su cara. Me acerco a ella y con mi dedo índice le levanto la cabeza y la obligo a mirarme a los ojos. Mis ojos están ardiendo de ira. Ella se endurece bajo la mirada dura y como si estuviera dejando su cuerpo, su mirada se vuelve serena, está aceptando lo que está por venir. La empujo sobre la parte superior de mi escritorio entre los esquemas, teléfonos móviles y planes de negocio, y pongo mi mano plana sobre su espalda apretándola hacia abajo sobre la mesa cuando mis piernas abren sus muslos. Subo su camisón y se asoma su sexo encerado que está abierto como una flor y exponen el estrecho agujero.

Yo sin rodeos inserto mi dedo índice y medio, presionando su sexo y los corro a lo largo de sus pliegues con mi toque de experto, una y otra vez. Los labios de su sexo se hinchan en respuesta. Ella involuntariamente empuja sus caderas y saco mi mano inmediatamente para que se quede con ganas.

_ Ya estás mojada, le digo. No es una pregunta, es una afirmación, pero ella contesta.

_ Sí Señor, para ti.

_ ¡No tienes autorización para hablar Leila! Le grito.

Leila ha estado tratando de intentar romper mis reglas últimamente. Ella está haciendo insinuaciones sutiles para obtener más de nuestro acuerdo. Yo no hago 'más' de mierda. Este es nuestro arreglo. ¡Tengo apenas 25 años de edad, tengo intereses y objetivos singulares! Mi negocio y mi libertad son mis prioridades. ¡No mis sumisas! Me encanta mi autonomía. No tengo ninguna intención o interés de conectar emociones con las relaciones. No soy de corazones y flores. ¡El amor es para los tontos! El objetivo final del mismo se puede lograr sin una conexión emocional. Dom/Sub es una relación que permite eludir toda la vulnerabilidad del amor. Le ofrezco a Leila todo lo que necesita y mis reglas están claramente definidas y nunca deben ser violadas. Estoy siempre en control. Ella, sin embargo, ha estado tratando de empujar sus límites con discreción. Leila ha sido una gran sumisa, pero últimamente quiere que la castigue a cada momento. ¡Al menos una vez cuando está aquí!  Y cada vez quiere un castigo más severo.

_ No te permito que te corras. Le digo acercándome a su oído. Y no vas a hacerlo hasta que te dé mi permiso explícito Leila. ¿Entiendes tu castigo? Ella no dice nada, se queda dócil y sin expresión.

Le doy una palmada a su trasero  duro y ella da un leve grito.

_ ¡Silencio! ¿Entiendes tu castigo? ¡Respóndeme!

_ Sí Señor, lo entiendo, respira. 

_ Bueno.

_ ¡Voy a atarte y  follarte en mi escritorio duro y tú no te vas a venir! ¿Entiendes?

_ Sí, maestro, contesta con los ojos como platos.

Me quito el cinturón y lo envuelvo alrededor de sus muñecas, la volteo sobre mi escritorio hasta ponerla de espaldas, estiro la correa por encima de su cabeza y termino amarrándola con el tirador de la gaveta del escritorio. Ella está tensa, pero sus piernas todavía pueden tocar el suelo. El cuerpo alargado de Leila se ve delicioso y las curvas de sus caderas están expuestas. Recuesto mi creciente hombría por encima de su sexo aunque todavía estoy en pantalones. Paso mis manos por debajo de su trasero y aprieto las nalgas con fuerza. Ella trata de estirar sus manos, pero eso solo aumentará el dolor. Descomprimo mis pantalones vaqueros y los dejo caer hasta los pies. Deslizo mi longitud dentro de ella, estirándola y llenándola, su cuerpo reacciona a la presión involuntariamente. La vagina de Leila se contrae a mi alrededor y sé que tiene una gran excitación.

_ ¡No te corras! Le  digo con los dientes apretados, clavados en sus ojos mientras que la bombeo en su interior. La fricción causada por cada golpe aumenta el placer que está experimentando y la veo apretando los dientes para evitar dejarse ir, ella está estirando sus manos para tratar de contrarrestar el placer con el dolor.

Sus piernas aprietan alrededor de mí, ella está gimiendo mientras estoy cavando en ella, sosteniendo sus caderas. El sexo de Leila está jugoso, y cada una de mis embestidas hace que su culo  rebote por el impacto. Por último, un gemido ronco rompe a través de ella, cuando sigo bombeando y mis testículos la bofetean en repetidas ocasiones. Ella tira contra sus brazos como un masoquista; hasta donde yo sé Leila disfruta mucho del dolor. Siento como aprieta en mi interior y tira de mí con sus piernas.  

_ ¡Maldita sea Leila! ¡Alto!

_ Trato… Maestro… dice entre su dolor y su placer. Aumento mis golpes rápidamente y el cuerpo de Leila se retuerce en un mar de  sensaciones mientras se corre y yo me vacío en su interior. Ella está contrariada.

_ !Vete a la mierda! ¡Carajo!   ¡Te dije que no te vinieras! Leila cierra los ojos y se muerde el labio inferior con sus dientes, tratando de detener los estremecimientos restantes de su orgasmo.

Voy hacia la cabecera de la mesa y desabrocho el cinturón de sus brazos.

_ Vamos a almorzar tarde hoy. Quiero que vayas al cuarto de juegos y esperes por mí, le digo y ella sabe el significado.

_ Sí, maestro, responde ella. Su camisón de satén se resbala por su cuerpo y se escabulle de mi estudio.

Al ser una sumisa con experiencia, Leila sabe que la negación del orgasmo es una forma estándar de castigo. Ella sabe cómo controlar sus impulsos, pero últimamente está tratando de obligarme a tomar la decisión de hacerla mi novia. Yo no hago el jueguito de novia. Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Me gusta mi autonomía, me gusta mi control, y me gusta mi vida tal como está: Yo, como el amo de mi propio destino. Cierro los ojos, más despacio mientras mi respiración se apacigua. No he olvidado el hecho de que Leila intentó colarse en mi cama anoche. Estaba en medio de una pesadilla cuando sentí como sus brazos serpenteaban alrededor de mi cintura, por lo que al despertar me sentí aterrado. Me despegué de ella tan rápido como pude y caí al suelo del otro lado de la cama. Ella no ha sido castigada aún por su imprudencia de anoche así que con lo de hoy van dos strikes en menos de veinticuatro horas. Yo no voy a renovar el contrato cuando finalice este acuerdo. Se está convirtiendo en un incesante a pesar de los castigos. El hecho de que Leila disfruta de dolor no está ayudando a mejorar su comportamiento, parece más bien un drogadicto en busca de su próxima dosis. Es por eso que no la castigué anoche a pesar de su transgresión. La mayoría de los sumisos hacen lo imposible para evitar el dolor y evitar un castigo. Es por eso que las sociedades funcionan bien, porque la gente le tiene miedo a las consecuencias.

Tomo una respiración profunda. He decidido que le voy a dar su castigo. Me voy a mi habitación y saco de mi armario mis jeans desgastados. Me dirijo a mi cuarto de juegos. Cuando cruzo el umbral de la habitación, me transformo totalmente en el dominante que soy, Leila está desnuda sentada sobre sus talones con las manos extendidas en su regazo. Su cabeza está hacia abajo, su respiración es superficial, totalmente dócil y sin expresión.

Voy a los cajones donde guardo algunos de los juguetes, y elijo las esposas de cuero. Los coloco en el sofá. Entonces casualmente camino de regreso hacia Leila y me quedo de pie ante ella.

_ Puedes mirarme Leila. Su cabeza lentamente sube con una mirada serena y expectante.

_ ¿Sabes por qué vas a ser castigada?

_ Sí, amo, ella responde.

_ ¿Por qué entonces? Dime.

_ He desobedecido las reglas.

_ Estás siendo castigada porque, no es que acabas de desobedecer las reglas, sino porque las estás desobedeciendo continuamente. Eres una sumisa establecida y has estado en esto por años y ni siquiera sabes controlarte a ti misma. Voy a tener que tomar otras medidas para controlarte. Además de eso, anoche entraste en mi cama espontáneamente. Eso es uno de mis límites infranqueables y es una transgresión importante, le digo.  

Leila mueve su cabeza disgustada con mi censura hacia ella.

_ No te he dado permiso para mirar a otro lado Leila, y ella inmediatamente trae su mirada a mis ojos.

_ Serás castigada por supuesto, le digo mientras traga, con un leve destello de esperanza en sus ojos. No quiero alimentar su necesidad de excitación, porque no es una recompensa, es un castigo.

_ Vamos, le digo, llevándola hacia la gran cama con dosel. Bajo los tirantes del techo y agarro las esposas de cuero.

_ Extiende tus muñecas, le ordeno. Ella obedece. Cierro una esposa en una muñeca y luego con un par separado esposo la otra muñeca. Coloco cada puño con los tirantes que bajé y estiro hacia arriba y tenso. Sus brazos están completamente estirados en alto. Ella no será capaz de salir de esta posición hasta que yo la desate. Sus pechos van hacia arriba y sobresalen hacia delante. Cuando su espalda queda un poco curva, sus caderas salen hacia delante. Paso cada grillete por cada tobillo. Está completamente tensa.

_ ¿Cuál es la palabra de seguridad, Leila?

_ Amarillo y rojo, Maestro, murmura.

_ Bien.

_ ¿Por qué te estoy castigando, Leila?

_ Porque fui sin su permiso a su cama anoche señor, dice ella ahogándose con sus palabras.

_ ¿Y? Pregunto con dureza.

_ Y esta mañana traté de tocar su torso.

_ ¿Y por qué estás cosas no debes hacerla?

_ Porque son sus límites infranqueables, Maestro.

_ ¿Entonces lo hiciste deliberadamente de todos modos?

_ Sí, amo, ella responde cuando aprieta sus manos sobre las limitaciones, su respiración se vuelve tan rápida que su pecho palpita con mucha fuerza. Ella se ve excitada y expectante; como un drogadicto que está a punto de recibir su próxima dosis. Tengo el látigo de nueve colas en la mano.

_ Yo te castigaré con esto; diez azotes y voy a follarte duro. No tienes permitido correrte.  ¿Lo entiendes Leila?

_ Sí, maestro, dice ella, expectante.

Muevo el látigo varias veces hasta que silva en el aire, entonces lo aterrizo en sus nalgas desnudas con fuerza. Las colas de cuero extendidas cubren desde sus nalgas rodeando sus caderas hasta llegar a su sexo y deja las primeras líneas de ribete rojo. Ella da un grito fuerte, seguido por un gemido de placer.

_ ¡Silencio! Le ordeno.

Giro mi mano de nuevo y aterrizo el látigo una vez más sobre sus nalgas carnosas. Sus dedos se agarran de las restricciones apretando, su pecho agitado va hacia adelante. Me dirijo al frente y aterrizo otro azote en sus pechos que se yerguen al tacto. Leila jadea de nuevo, pero todavía tiene la mirada complaciente en su rostro.  La rodeo hacia un lado y dejo otra marca en su piel pálida que se confunde con las otras. Ella se estremece. Paseo el látigo por su pecho dejando líneas punzantes y ella grita con los ojos cerrados. Sé cuanta presión aplicar para que el látigo deje un poderoso recordatorio del dolor y marque sin romper la piel.

Levanto el látigo y lo dejo caer en su vientre, ella trata de moverse, pero sus ataduras la mantienen en su lugar. Me muevo alrededor de su cuerpo, y sumerjo mis dedos en su sexo. Ella está empapada, despierta y palpitante. Ella no se queja, está absorbiendo y disfrutando de la sensación. Eso es lo que pasa con Leila, su mente se va a un lugar diferente cuando ella está recibiendo dolor. En el contexto del juego, es un gran rasgo en una sumisa, pero los castigos tienen que ser creativos para alguien que es masoquista supremo. Levanto el látigo y aterrizo los cuatro azotes restantes en su trasero redondo dejando dulces líneas de color rojo profundo.

_ Diez, le digo y me voy detrás de Leila, y entro de golpe en ella sin preámbulos.

_ ¡Esto es para mí un placer! ¡NO tienes permitido correrte Leila, te lo advierto! Después de cada embestida en su sexo, ella gime tratando de reprimir su placer. Ella está apretando su cuerpo, luchando para no sucumbir a la presión que va creciendo a través de sus entrañas. Cuando golpeo con fuerza ella gime de placer y dolor y sus nalgas se aprietan para satisfacer aún más mis embestidas y se viene fuerte cuando yo llego a mi clímax.

Desabrocho sus ataduras y la suelto. Ahora estoy completamente loco y disgustado. Ella deliberadamente está tratando de desobedecerme para probar algo. ¡Me importa una mierda! Traigo una loción de Aloe Vera de uno de mis cajones, y se lo aplico en la espalda, las nalgas, el pecho y el vientre. Yo no digo nada. Mis ojos son acelgas de hielo, y ella lo sabe.

_ ¿Maestro? Ella dice levantando su mano.

Levando mi dedo hacia mi boca en señal de que pare de hablar y continúo con mi tarea mecánicamente y me pongo mis pantalones.

_ Ponte la ropa de nuevo, vamos a almorzar, le digo en un tono amenazador. El miedo se apodera de sus ojos.

_ ¡Maestro, lo siento! Dice.

_ No me hables a menos que te lo diga Leila. Deliberada y continuamente estás desobedeciendo mis reglas. Vamos a comer, le digo y ella asiente con la cabeza.

_ Sí maestro y asume si actitud sumisa bajando los ojos mientras salimos de la habitación.

Veinte minutos más tarde, los dos estamos de vuelta luego de habernos duchado en nuestros respectivos cuartos de baño y nos sentamos en el desayunador de la cocina, para almorzar. Los tres tenores cantan "O Sole Mio"  de fondo.

O Sole Mio - Domingo, Carreras, Pavarotti 

_ ¿Por qué me has estado desobedeciendo deliberadamente en las últimas semanas?

Se encoge de hombros en respuesta.

_ ¡Habla, Leila! Le ordeno. Has desobedecido y has sido castigada cada vez, sin embargo te mantienes en seguir desobedeciendo y quieres empujar los límites claramente definidos. ¿Qué estás tratando de hacer?  

Ella hace una mueca mientras trata de encontrar una posición en la que se sienta cómoda en el taburete, pero no puede y se  da por vencida.

_ Maestro, yo… dice y se detiene.

_ Tú ¿qué? Pido en un tono amenazador.

_ Quiero algo... no… necesito algo, dice ella, y yo presto atención.

_ Lo que quieres o necesitas ¿Es la causa de tu desobediencia? Ella asiente sin levantar la mirada.

_ ¡Mírame! Le ordeno.

_ Sí, maestro.

_ Si tienes alguna necesidad, es mi trabajo como dominante cumplirla y eliminar todos los problemas de tu vida. ¿Por qué no me dijiste que necesitabas algo?

_ He estado tratando de hacerlo... Con toques. Diferentes cosas...  dice.

_ ¿Con qué?

Mi iPod ahora toca "La Donna E Mobile."

La Donna È Mobile - Pavarotti

_ ¿Puedo cambiar la música, Maestro? Ella pregunta tratando de distraerme.
_ Está bien, le digo.

Se baja rápidamente del taburete y se acerca al iPod y cambia la canción a una de Beyoncé. Ella empieza cantando la famosa "Crazy inLove."

Crazy in Love - Beyoncé   

Camina hacia el desayunador y se acomoda en el taburete, la miro confundido.

_ Estoy esperando, Leila.

_ Tengo que... quiero ser una prioridad en su vida, maestro.

Mi cabeza se va a un lado.

_ Prioridad, ¿cómo?

_ Quiero significar algo en su vida, maestro.

_ Leila, sabes que soy monógamo en mis relaciones. Tú eres la única sumisa que tengo.

_ Tengo que bajar la música. Es ruidosa y molesta, digo, y alcanzo el control remoto y la bajo hasta un nivel que quede de fondo. Ella da un suspiro.

_ ¡Yo quiero ser su novia Maestro! Ella exclama y se me cae el tenedor de la mano.

Me doy la vuelta para mirarla dando toda mi atención.

_ Durante todo este tiempo, tú invadiste mi privacidad y has estado desobedeciendo todas las reglas por casi cuatro semanas ¿Porque quieres se mi novia?

_ Sí, dice humildemente.

_ Leila, no quiero, ni necesito una novia. Nunca la he tenido y nunca la tendré. Tú y yo tenemos un contrato, uno consensual de Dom/Sub. Yo cuidaré de ti y cuido tus necesidades.

_ Esa es la cosa, maestro. Ella dice, como si me va a revelar otro secreto.

 _ He conocido a alguien, dice mirándome a los ojos.

_ ¿Has tenido relaciones sexuales con él? Pregunto airadamente. No comparto mis subs, soy monógamo con ellas, espero lo mismo de ellas.

_ ¡No! No de esa manera. Pero él quiere más, quiere estar involucrado conmigo. Eso es lo que yo quiero también. Y tú...  dice tratando de sacar las palabras de su boca. Usted no quiere eso. Yo quiero eso para mí. Yo quiero una relación. Como una pareja.

_ ¿Y me ofreces a mi la primera oportunidad para cumplir esa posición? ¿Soy el primero en la fila? pregunto

Ella hace una mueca evaluando.

_ Bueno, estamos involucrados. Me gustaría que fuera con usted maestro.

_ Leila... Ese no soy yo. Yo no tengo relaciones. Follo. Soy un Dom. Todo lo que quiero es una sub. Si quieres buscar una relación con otra persona, no te detendré. Te lo mereces. Pero me lo hubieras dicho antes. Pudimos haber evitado todos los  castigos. Mi dirección no es esa. Esto es todo lo que quiero en una relación. No quiero nada más. No estoy interesado en nada que no sea una relación contractual, con reglas y puntos acordados. Hay una cláusula en la que te puedes ir, tú lo sabes.

_ Lo sé. Creo que me gustaría utilizar esa cláusula en este momento, dice.

_ ¿Es eso lo que quieres?

_ Sí, maestro. Evalúo su comportamiento. Ella se ve determinada.

_ Está bien. Sabes que una vez que se termina el contrato no tienes permitido volver a Escala, ni a mi vida de ninguna forma o modalidad.

_ Lo entiendo, Maestro, dice en un tono apenas audible.

_ Hemos terminado el contrato. Eres libre de irte. Voy a depositar dinero en tu cuenta en los próximos días. Tú seguro de salud también continuará hasta que tengas uno propio.

_ Gracias, maestro, dice desolada.

_ Taylor te llevará una vez que almuerces. Si deseas pasar la noche aquí puedes, solo házmelo saber, le digo con una cara impasible.

_ Creo que me voy a ir hoy, dice ella.

Asiento con la cabeza. 

_ Avísame cuando lo hagas.

_ ¿Maestro? ¿No puedo convencerlo de que cambie de opinión? Ella pregunta.

_ No Leila. Yo no tengo relaciones con novias. Yo solo follo, le digo con mi cara impasible y salgo de la cocina dejando a Leila mirando detrás de mí con un expresión de sorpresa. Es hora de tomar un descanso y buscar otra sub.




3 comments:

fanny rebellon said...

Que fuerte que relación tan desagradable, que lo traten a uno así es humillante, no me explico como puede existir eso, y la leila es idiota, quiere una relación con cristian y viene y le dice que conoció a alguien, sera que creía que así iba a lograr algo? que ilusa y cristian era muy frió, déspota, lo que hace el amor es BARBARO, gracias Emine fabuloso y patricia amiga gracias mil un cap especial muy interesante un beso.

cesil quintero said...

Este Christian no me gusta, como Leila queria algo mas? no la entiendo, estar con un hombre que te humille asi, que te degrade asi? no es sano. Me gustó mucho como está narrado todo, gracias por acercarnos a esa lado oscuro

nufu said...

Oh por Dios que capitulo yo no creo que aceptara una relacion asi que lo humillen y que no pueda hacer lo que quiera, no entiendo como hay mujeres que acepten este tipo de cosas.Emine eres las mejor y gracias a ti patricia tambien